
El Carnaval tableño, celebrado en Las Tablas, es considerado uno de los más emblemáticos del país. Durante los cuatro días previos al Miércoles de Ceniza, miles de personas se congregan para vivir una tradición centenaria que combina música, baile, alegría y una rivalidad sana profundamente arraigada en la identidad cultural panameña.
La esencia de esta festividad gira en torno a la histórica competencia entre las tunas de Calle Arriba de Las Tablas y Calle Abajo de Las Tablas, cuyos culecos, desfiles y espectáculos nocturnos llenan de vida la calle principal del distrito.
El momento cumbre
El punto más esperado llega con el tradicional topón tableño: el encuentro final entre ambas tunas y sus reinas, símbolo del cierre oficial del Carnaval.
El enfrentamiento tiene lugar en el Parque Porras, donde Calle Abajo avanza desde Punta Fogón y Calle Arriba desde la calle Bolívar, hasta encontrarse cara a cara en un espectáculo cargado de emoción, fuegos artificiales, tonadas y elegancia.
El topón no es solo una medición de fuerzas musicales. Es también una exhibición de coordinación, creatividad y majestuosidad, con las reinas luciendo polleras de gala en las primeras horas del Miércoles de Ceniza.
Tradición que evoluciona
Con el paso del tiempo, esta tradición ha incorporado nuevos elementos. Si antes el protagonismo recaía exclusivamente en la música y la elegancia, hoy se suman expresiones como mofas con letreros y recursos visuales que enriquecen la puesta en escena.
Aunque nació en Las Tablas, el concepto del topón se replica actualmente en distintas regiones del país, reflejando la influencia del Carnaval tableño en la cultura nacional.
Para muchos seguidores, la “victoria” se mide por la fuerza de la murga, la sincronización de los tunantes y la presencia imponente de la reina. Sin embargo, más allá de la competencia, el topón es una tradición familiar que pasa de generación en generación.
Como lo resume el tableño Eric Polo:
“El topón es una tradición que los tableños amamos. No es odio, es una rivalidad sana, una herencia cultural que hemos transmitido al resto del país”.
Con más de dos siglos de historia, el Carnaval tableño es un legado vivo, y el topón representa la síntesis de esa herencia: el resultado de un año entero de preparación para ofrecer un espectáculo que el pueblo admira y reconoce como parte esencial de la identidad panameña.




